lunes, 29 de marzo de 2010

¿Capullo-Crisálida-Cucharacha-Mariposa?

Llevo una temporada sintiéndome extraña. Con eso no quiero decir que me sienta mejor o peor que d’habitude, sencillamente me siento cómo si me viera desde fuera.


No puedo precisar cuándo empezó. Probablemente al principio serían pequeñas cosas que pasaban inadvertidas, pero a fuerza de ir ocurriendo y acumulándose, ya no puedo seguir fingiendo que no soy consciente de su existencia.

Intento racionalizar ese sentimiento y, cómo viene siendo normal en estas cosas, fracaso estrepitosamente. No puedo identificar los parámetros que lo definen y eso me desorienta, pero noto que algo está pasando… Lo notó en las yemas de los dedos y en la boca del estómago. Algo a mi alrededor está girando muy rápido y siento el vértigo dentro de mí. Y es un vértigo con los colores de un arco iris.

No sé si soy un capullo o una crisálida.

No sé si saldré de ésta como cucaracha o como una mariposa.

Sólo sé que algo está cambiando y creo que es bueno…
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domingo, 28 de marzo de 2010

Sacrificios en Semana Santa

Pues no sé oye, cuándo hablan de que Semana Santa es una época de recogimiento y sacrificio a lo mejor se refieren a cosas cómo leer al memo este:

http://mirallmemoria.wordpress.com/2010/03/17/mensa-women-on-s%C2%B4han-fotut/

Yo ya he cumplido hasta el año que viene...
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sábado, 27 de marzo de 2010

Los recuerdos... esos grandes desconocidos

En una de estas últimas noches en las que, cosa extraña en mí, dormirme me cuesta más de cinco minutos, me dió por recordar una hermosa historia de amor que viví hace unos años.
En mi cabeza empezaron a desfilar todos aquellos recuerdos maravillosos. Momentos apasionados, felicidad, lugares y canciones que me retrotraían a espacios infinitos de luz. Incluso medio dormida y con la luz apagada, creo que podría haberse visto mi sonrisa relajada mientras atesoraba mis recuerdos.
Y de repente, una nota discordante. Al estilo del Silmarillion, algo había provocado una ruptura en la armonía de ese instante. Busqué a mi alrededor ansiosamente, para encontrar al maldito intruso y darle una somanta de palos que lo hiciera desaparecer de mis recuerdos perfectos.
Costó un poco pero lo encontré. Estaba ahí, indefenso, mirándome con unos ojos enormes, infinitos. Era el recuerdo de la primera lágrima que aquel amor me hizo derramar.
Al mirarle directamente fue como si una delicada cortina se abriera. Tras él empezaron a aparecer muchos otros recuerdos amargos, que habían estado escondidos durante mucho, demasiado tiempo: más lágrimas, soledades, desencuentros... Ansiedad, celos, desesperación. Un recuerdo muy intenso del momento de la ruptura (que además fue mi elección dado que no podía obtener lo que buscaba de aquella relación, y sin embargo le quería con toda mi alma)... Y luego todos aquellos días largos infinitos, echándole de menos, con mis tripas y mi corazón desgarrados, una sombra de lo que alguna vez fuí.

Y todos esos recuerdos han tardado años y años en aparecer. En mi memoria sólo habían persistido los buenos momentos (que fueron muchos e intensos), haciéndome creer que aquella había sido la mayor historia de amor de todos los tiempos.

Pedazo cabrones los recuerdos, que incluso te hacen creer que has vivido una vida que no es la tuya. Ni de eso puedes fiarte!
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sábado, 20 de marzo de 2010

Vida antes de la muerte

He tenido una iluminación. Hay vida antes de la muerte... Tengo que escribir algo sobre ello, pero no hoy. No ahora.
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martes, 16 de marzo de 2010

Necesito un héroe

Como esos de las películas de griegos que veía de pequeña. No pido mucho: un Perseo que me libere de mi Medusa particular que me tiene petrificada. O un Ulises que llegue a Ítaca y rompa de una vez este maldito tapiz que tejo y tejo y que nunca se acaba...
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jueves, 25 de febrero de 2010

El infausto Príncipe Azul

Cuánto daño le ha hecho a las mujeres de mi generación la incierta y difusa figura del Príncipe Azul. Ese individuo lejano, que aparecía al final del drama y salvaba a la indefensa criatura de todos sus males. A partir de ese punto, ya sabías que estabas a salvo. Habías llegado a Ítaca y sólo restaba comer perdices hasta morir de felicidad.
Las mujeres de esos cuentos sólo tenían una virtud: la de su magnífica belleza. Y eso les daba derecho a cualquier parabien que se terciara. No importaba que fueran lerdas, incultas o zafias, mientras no se les notara. Era suficiente con ser mujer escaparate... Y sólo desde ese púlpito recibirían la recompensa más deseada: un Príncipe Azul en exclusividad y de por vida.

El problema es que nos llenaron el subconsciente de esas ideas, y, aunque uno crea que es capaz de racionalizarlas, si te las inculcan de tan chiquitina, cuesta extirparlas por completo. Y siempre queda un rinconcito para Él. Para soñar con él y con una vida de felicidad. Por supuesto, cada una tenemos una idea de cómo será nuestro Príncipe, faltaría más!

Y cuándo ese Príncipe se materializa, empiezan las discordancias. Ese hombre perfecto, magnífico y lleno de promesas de felicidad... resulta que es humano. Y tiene flatulencias. Dónde coño está escrito que un Prínicpe Azul haga semejantes ordinarieces?? A ver, premio para el que encuentre la referencia.
Y empiezan a pasar cosas que van alejando tu concepto de la realidad. Y cada paso que dan alejándose te sume más y más en la desesperación. Esto no era lo que te esperabas...

Y una vez aclarado ese punto (el de que tu Príncipe Azul es más bien tirando a paje y de un tono gris marengo), ¿cómo sigues adelante con tu vida?. La has construido sobre una roca que resulta ser barro. Así que toca empezar de nuevo con otra base de partida:

Hay mujeres que piensan que en realidad ese mamarracho que tienen al lado no es su Príncipe Azul y lo dejan para seguir buscando de nuevo. Eternas Lolitas ajadas que nunca alcanzan la felicidad.
Las hay que se resignan con lo que tienen e intentan adaptar su realidad a sus sueños, sin saber que son hormas diferentes y que siempre harán rozadura.
Las hay que optan por la soledad, consciente y buscada, y sin embargo igual de amarga sólo que a sorbos más pequeños.
Las hay que consiguen vivir su sueño y creen que el hombre que las acompaña es realmente aquel con el que siempre soñaron. Llamadme desconfiada, pero no me fío un pelo de la salud mental de estas últimas...

¿Cuál es la mejor solución? Pues yo no la tengo. Sólo un ruego: quemen todos los cuentos de Princesas y Príncipes Azules. ¿Cuántas generaciones más de mujeres queremos que sigan acumulando sueños y decepciones a partes iguales?
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domingo, 21 de febrero de 2010

Going Home

Hay ocasiones en las que tienes la sensación de "haber vuelto a casa". Esa sensación no está relacionada en absoluto con un lugar físico, sino con cómo te sientes. Es un estado absolutamente maravilloso, en el que las cosas están donde tienen que estar y tú te encuentras tranquilo, seguro, cómodo. Como si toda tu vida y las cosas que te han pasado te llevarán a ese punto Omega. Eres feliz, absoluta e irremediablemente.
Pues bien, ayer experimenté esa sensación durante cerca de una hora. Una maravillosa hora que exprimí con una necesidad irracional, que no están los tiempos para desaprovechar oportunidades de ser feliz...

Lamentablemente, acabó. Y me temo que los puentes que me llevan a ese hogar hace tiempo que no son transitables. El de ayer fue un regalo excepcional al que aún ahora no acabo de renunciar. Pero voy a tener que abrir los ojos. Y seguir haciendo mi camino con la vana esperanza de volver a encontrar mi Ítaca...
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SUS...PIRO

Tanto aire exhalado sin sentido... intentaré hacer algo productivo con él y convertirlo en palabras.