viernes, 5 de febrero de 2010

Tan malo es ser mediocre?

Hoy he tenido una charla de esas en las que no consigo explicarme. El motivo es bien fácil: llevo tanto tiempo intentando que mis relaciones sociales sean placenteras y agradables, que me cuesta un montón llevar la contraria. Los motivos que pretendo defender están dentro de mí, pero de alguna forma, se resisten a materializarse, cómo si dejara que los demás expusieron los hechos y yo acabara balbuceando excusas inconexas y poco elaboradas. Me falta práctica dialéctica a cascoporro.

Así que aunque no lo parezca, cuándo inicio una discusión (en el buen sentido), acostumbro a tener motivos para hacerla que me rondan la cabeza (a veces sin ser consciente). Quizá debería razonar para mí las cosas antes de sacarlas fuera. Que ya me toca aprender a hacerlo, coño!

La discusión giraba alrededor de si ser mediocre es bueno o malo, y si alejarse a los extremos de la campana de Gauss supone llevar asociado una patología.

No puedo hablar por nadie que no sea yo, así que vaya por delante que hablo por mí y mis circunstancias... Me gusta ser mediocre. Estar en esa nube indefinida de normalidad. Tener mis momentos de originalidad y mis extremos, por supuesto, pero no estar permanentemente en ellos. Necesito sentirme acompañada de gente que piensa como yo, siente como yo y vive como yo. Ser único es una carga muy pesada que siempre acaba pasando cuentas. Aunque a simple vista no lo parezca, vivir con alguien único es agotador. Y aunque la convivencia te enriquezca, pierdes muchas cosas. Entre ellas tu derecho a llevar una vida normal. Pero oye, que si te gusta, estupendo!

Me gusta pensar que me equivoco más a menudo de lo que debiera, y que me arrepiento de muchas cosas (íncluso empiezo a pensar si no será mejor arrepentirse de lo que has hecho). Mis errores me ayudan a mejorar, aunque muy despacito. Y aunque estoy razonablemente segura de mí misma, en ocasiones me replanteo las cosas intentando encontrar esos momentos en los que no tomé la decisión correcta.

Partece chulo tener una vida excepcional, única, trascender más allá de tu época y dejar una huella indeleble, pero ante todo, soy un ser social. Y eso hace que prefiera disfrutar a las pequeñas cosas de la vida que vivir una experiencia trascendental. Con todos los inconvenientes que ello suponga.

Aunque claro, que sería de mi mediocre vida sin esos extremos que me centran? :)
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2 comentarios:

Imperator dijo...

No veo cómo alejarse del rebaño impide ser un ser social y llevar una vida rica en ese sentido.

Carlos dijo...

Toda vida es excepcional y única, no veo por qué además hay obligación de trascender o dejar huella indeleble. La trascendencia es inevitable si se tiene hijos y lo de la huella se lo dejo a los salvapatrias y a los seres excepcionales de verdad, que no pueden evitarlo y, con frecuencia, ni siquiera saben que lo son.

SUS...PIRO

Tanto aire exhalado sin sentido... intentaré hacer algo productivo con él y convertirlo en palabras.